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lunes, 3 de febrero de 2014

Mất ngủ

Despierto.
Todo obscuro.

Los objetos se dibujan poco a poco. son sombras grises y alargadas,como si alguien las hubiera dibujado apenas suavemente sobre un enorme cartoncillo negro.

Vuelvo a cerrar los ojos, tanta obscuridad me atemoriza.

Siento mis pulmones inflarse y desinflarse, la presión en el pecho, el escalofrío en la espalda, el inconsciente tirón en la pierna izquierda y aprieto los parpados intentando volverme a dormir.
Adivino la ventana abierta, pues siento una leve corriente de aire frío en mi mejilla, e instintivamente me cubro el rostro con la cobijas.

De pronto me levanto, no quiero hacerlo, pero una fuerza mayor a mi me levanta de la cama y me hace caminar los dos metros que hay entre mi cama y la ventana y me hace mirar hacia fuera.

La calle está vacía, solo un gato se escabulle entre el jardín de la casa de enfrente, y la luz del alumbrado publico intenta vanamente romper la obscuridad que lo envuelve todo.
Un viento frío, un norte, levanta el polvo que hay entre la piedras y solo puedo imaginar su trayecto por el aire hasta sentirlo golpearme en la cara.

La misma fuerza que me hizo levantarme, me hace cerrar la ventana y correr las cortinas, me hace regresar los dos metros que hay entre la ventana y mi cama y me hace acostar de nuevo, rápidamente le robo el control de mi cuerpo y me tapo con las cobijas hasta las orejas, solo asomo mis ojos, en un intento de sorprender al intruso que hay en mi cuarto.

El silencio es tan pesado que puedo sentir su presión en mi oídos


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