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sábado, 15 de agosto de 2009

Blup!


El reflejo de la luna es hermoso, totalmente puro, sin una sola deformidad a pesar de la lluvia.
Hace dos meses ya que no para de llover y sin embargo es posible contemplar la luna, el sol, las estrellas, como si las nubes no estuvieran (como no están).
El lago es bello, algo descuidado, pero bello no hay día o noche que no vea a las garzas rozar el agua con sus hermosas alas blancas.
Vivir aquí abajo es tranquilo, algo aburrido pero tranquilo, al menos me deja mucho tiempo para pensar y recordar en aquéllos días en que contemplaba el lago desde otro ángulo y leía títulos que ahora no recuerdo, pero sé muy hermosos.
Lo peor es la Soledad. Hace también dos meses que el último vino a verme y cuándo el se fue, empezó a llover. Quizás es coincidencia (Estoy seguro que no).

Siento que un halo de vacío me rodea, sé que me protege, pero el tributo que cobra es muy alto: El Olvido.
Los primeros días, después de mi llegada aquí, todos mis amigos estaban preocupados porque no me faltara nada: unos traían flores, otros llegaban con licores, incluso comida me traían. Sin embargo ninguno quizo quedarse a charlar conmigo, todos tenían prisa u otros asuntos que atender.
A mí me dolía que fueran a visitarme, sabía y comprendía que ellos no podían hacerlo siempre, pero me dolía más el que lo hicieran por compromiso que porque realmente quisieran hacerlo.
Ha empezado a amanecer, los primeros rayos de sol ya se notan, rosados, en el cielo. Si no fuera por lo claro del día y lo obscuro de la noche, no notaría el cambio. El amanecer y el ocaso no existen, son una farsa, una broma del sol para no hacer su trabajo. El muy ojete va y se asoma con los cabellos despeinados y con la cara roja de sueño, se va estirando poco a poco y empieza a brillar más, hasta que nos deslumbra y es entonces cuando ¡ZAS! se da la vuelta en la cama y ahí va para atrás quedándose dormido y habiéndonos embaucado con la mentira se su recorrido diario.
El último que vino, fue el único que habló Vino a despedirse, a decirme adiós como si fuera yo el que se estaba yendo. Después no dijo nada, aunque sus palabras todavía resonaban en la tierra de mi alrededor, se quedó mirando el el cielo conmigo, tranquilo.
Entonces lloró. El llanto mas triste que había yo visto en mi vida, sin un lamento, sin una queja, sólo las lágrimas lavándole la cara, limpiándole la consciencia.
Desde entonces no ha dejado de llover y el vacío de mi alrededor se cerró por completo.
El olvido trae cierta paz consigo, ayuda a hacer menos pesada la Soledad. Sin embargo, mientras mas olvido y soy olvidado, mas irreal se vuelve todo, se va transparentando, hasta que sólo queda su recuerdo y luego nada, en un ciclo de proporciones infinitas, porque tan variados son los recuerdos como variadas las personas con quién las comparto.
Una pareja está sentada junto a mí, ajena totalmente a mi presencia. Se besan, se abrazan, se prometen cosas que ambos saben no van a cumplir pero que, al invocarlas en su imaginación, suenan tan realizables que no pueden reprimir un suspiro.
No hay duda el amor es hermoso, o al menos lo era. Ya no tiene el valor de antes. Antes, podía provocar una guerra, destruir todo un imperio, atravesaba mares, superaba cordilleras e iba a morir al fin del mundo. Ahora te cuesta cincuenta centavos en cualquier papelería, provoca burlas, desdén, sufrimiento. Habrá que buscar otra palabra para llamar al sentimiento puro, por que el que ahora tiene, ya define cualquier otra cosa.

Hoy he visto salir el sol otra vez y me dio tiempo de conocer un poco a mis vecinos, unos caracoles comunes bastante educados. Traté de hacer conversación con ellos, pero hablaban en francés y no les entendí una palabra.
Pasé la tarde viendo volar a los peces y nadar a las garzas y los patos.
La lluvia no ha dejado de caer
Recordé un lugar que hacía tiempo no veía, pero que se materializó al instante al evocarlo en mi memoria. Aún así no pude recordar el nombre, señal inequívoca del olvido que me consume. Cuando yo olvide totalmente este lugar, habré desaparecido por completo

" La luz se cuela por la bóveda arbórea y cae en un mosaico amarillo hasta estrellarse contra el suelo. Reina en la atmósfera una calidez digna de los trópicos y un brillante color verde lo cubre todo, con excepción de de las blancas y gigantes piedras en la orilla."
" Todo el lecho es pedregoso, pero profundo, y resplandece, en colores nunca vistos, al contacto del sol. el silencio es casi religioso y es asesinado, a veces, por una hoja que cae..."

Éstas letras aparecieron escritas hoy junto a mi pié, rodeado de algas, no hay nada que recuerde ya y mi piel ha empezado a pudrirse y , en el reflejo de una trucha, el color enmohecido de mis ojos.
Ya no puedo sentir nada, ni siquiera a los charalitos y renacuajos que muerden, ávidos, mis pies.
Cierro mis párpados y, en el roce de unas alas contra el lago, me desvanezco.


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