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La lluvia, bendita sea, no ha dejado de caer,
y me siento alegre al percibir su suave y estruendoso choque.
y me siento alegre al percibir su suave y estruendoso choque.
Deseo salir a la calle, subir por una callejón empinado
y sentir la frescura del agua mientras cae por mi torso desnudo.
Sentir el salpicar de cientos de gotas en mi rostro
y saborear las que caigan en mi boca.
Quiero salir y saltar sobre las lagunillas, pasar en bicicleta por los richuelos
y sentir en mis cabellos el aliento del viento
y el correr del agua.
Miro los techos de lámina y me hipnotizo con las ondas que las gotas van dibujando,
miro los árboles, y sigo el recorrido que la lluvia va haciendo por las hojas,
por las ramas, deslavando el verde y sembrándolo en el suelo.
Cerca, bajo el alero de una casa cercana, unos gorriones miran, entristecidos,
el espacio húmedo que ante ellos se abre.
Me encantaría verlos volar bajo la lluvia,
atravesando el vacío salpicado de perlas transaparentes,
me gustaría verlos salir uno por uno, lentamente,
separandose del todo que representa el muro, desgajándose,
cual si fueran pequeñas gotas negras.
Imagino, a lo lejos, los hermosos lirios rosados, húmedos y tiernos,
invitándome a posar sobre ellos una caricia.
y sentir la frescura del agua mientras cae por mi torso desnudo.
Sentir el salpicar de cientos de gotas en mi rostro
y saborear las que caigan en mi boca.
Quiero salir y saltar sobre las lagunillas, pasar en bicicleta por los richuelos
y sentir en mis cabellos el aliento del viento
y el correr del agua.
Miro los techos de lámina y me hipnotizo con las ondas que las gotas van dibujando,
miro los árboles, y sigo el recorrido que la lluvia va haciendo por las hojas,
por las ramas, deslavando el verde y sembrándolo en el suelo.
Cerca, bajo el alero de una casa cercana, unos gorriones miran, entristecidos,
el espacio húmedo que ante ellos se abre.
Me encantaría verlos volar bajo la lluvia,
atravesando el vacío salpicado de perlas transaparentes,
me gustaría verlos salir uno por uno, lentamente,
separandose del todo que representa el muro, desgajándose,
cual si fueran pequeñas gotas negras.
Imagino, a lo lejos, los hermosos lirios rosados, húmedos y tiernos,
invitándome a posar sobre ellos una caricia.
Pequeñas ranas nadan por debajo, ocultándose,
temerosas de que alguién, al pasar, las pise.
Veo con entusiasmo el silencioso correr del agua,
que pasa por debajo de las plantas que cubren el pequeño arroyo cercano
y sigo con la imaginación el camino que recorre hasta el lago,
que a lo lejos se aprecia.
La lluvia ha arreciado y mi interior se llena de placer al escuchar el canto de las gotas,
que sube por la pared, atraviesa la ventana y revienta en mis oidos la suave nota de una canción olvidada, sumamente amada, sepultada por el recuerdo que es mejor olvidar.
Los juncos se mecen tranquilamente,
formando diseños fantásticos en el agua, y la superficie del lago se lena de ondulaciones.
las gotas parecen suspendidas, eternamente, en el tiempo,
no caen, solo están, hiriendo la piel del agua constantemente
y constantemente haciendo ¡plish!, ¡plosh!.
Sería divertido estar debajo de la tibia agua del lago,
mirando hacia arriba, y ver como rompen la superficie innumerables proyectiles plateados.
Estarse entre las raices de lo manglares, cazar salamandras
y bucear junto a las garzas que observan, recelosas, mi cercanía.
Sentir entre los dedos, entre los brazos, entre mis piernas entumidas,
a los pequeños peces que, mordiendo, se acercan a mi cuerpo.
pero sólo observo, sólo puedo observar,
sintiendo en mis oidos el suave y estruedoso caer de la lluvia.
Veo con entusiasmo el silencioso correr del agua,
que pasa por debajo de las plantas que cubren el pequeño arroyo cercano
y sigo con la imaginación el camino que recorre hasta el lago,
que a lo lejos se aprecia.
La lluvia ha arreciado y mi interior se llena de placer al escuchar el canto de las gotas,
que sube por la pared, atraviesa la ventana y revienta en mis oidos la suave nota de una canción olvidada, sumamente amada, sepultada por el recuerdo que es mejor olvidar.
Los juncos se mecen tranquilamente,
formando diseños fantásticos en el agua, y la superficie del lago se lena de ondulaciones.
las gotas parecen suspendidas, eternamente, en el tiempo,
no caen, solo están, hiriendo la piel del agua constantemente
y constantemente haciendo ¡plish!, ¡plosh!.
Sería divertido estar debajo de la tibia agua del lago,
mirando hacia arriba, y ver como rompen la superficie innumerables proyectiles plateados.
Estarse entre las raices de lo manglares, cazar salamandras
y bucear junto a las garzas que observan, recelosas, mi cercanía.
Sentir entre los dedos, entre los brazos, entre mis piernas entumidas,
a los pequeños peces que, mordiendo, se acercan a mi cuerpo.
pero sólo observo, sólo puedo observar,
sintiendo en mis oidos el suave y estruedoso caer de la lluvia.

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