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martes, 19 de mayo de 2009

RORSCHACH














... El cielo se encontraba a sus pies, podia pisarlo, sentir su hùmeda substancia hundirse a cada paso que daba, ondulando.

Con descaro, mirò al agujero en el sillòn, parecìa una boca, una grande y jugosa boca con tentàculos, y piensa en el color ladrillo del sillòn, en el ardor profundo y con sabor a oxido de su nariz, en el sopor, en ese pesado bochorno que provocaba la apestosa sudoraciòn que corrìa por su cara e iba a estrellarse, silenciosamente, en la polvosa alfombra.

Se imaginaba rompiendo el vidrio para salir corriendo por todo el cielo, y desnudarse, arrancarse la pìel y nadar en todo el vasto infinito.

Sus labios estaban resecos, y una grieta se deforma a sì misma, recorriendo su rostro, cuarteando sus ojos.

No podìa dejar de pensar en el color ladrillo del sillòn, y en el zumbido, en el odioso e interminable zumbido.

En el fluir.

Todo fluye, no podìa detenerlo, estaba ahì fluyendo.

Je, se habìa derramado.


Mirò la ciudad de antenas y riò, le causaban gracia, con su altura, su elegancia, su monotonìa impresa en el invariable vestido rojiblanco, adoraba todo aquello que las hacìa antenas.

Rojo y blanco, igual que la mancha sobre la camisa del Gordo del baño.

El zumbido no paraba nunca en sus orejas, siempre era mas fuerte y estridente, ¿porquè lo matò? no fuè su voz chillona y casi gangosa lo que le molestaba, ni siquiera el gorgoreo de su respirar, tampoco fuè el asqueroso movimiento de su papada, que temblaba siempre un poco al hablar.

Pensò en el color ladrillo del sillòn y recordò como èse precioso color rojo iba cubriendo poco a poco la blanca camisa de Gordo. Riò al recordar còmo, mientras mas se tintaba la camisa mas pequeño se iba volviendo Gordo.


Mañana, unos pequeños zapatos blancos temblaràn y saldràn corriendo al pisar el charco que alguna vez fue Gordo.

Jejejejejejejeje, ahora se ha derramado, los tentàculos tiemblan y el ladrillo del sillòn zumba: no hagas ruido, utiliza voz baja.

Pero el quiere gritar, a pesar de la posible vergüenza que le dè hacerlo, como pequeño rèquiem por el charco que alguna vez fuè el ahora desinflado Gordo.

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